Comienza la novena:15 de agosto
Día festivo:30 de septiembre
Nacimiento:1
Muerte:30

Santo patrón de acercarse más a Dios, a Nuestra Señora y a San Miguel

Novena de la Cuaresma de San Miguel

Reza la Cuaresma de San Miguel, un período de 40 días de oración, ayuno y penitencia desde la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, el 15 de agosto, hasta la fiesta de los Arcángeles (San Miguel, San Gabriel y San Rafael), el 29 de septiembre, sin contar los domingos, para acercarte más a Dios, a Nuestra Señora y a San Miguel.

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Puedes rezar la completa Novena de la Cuaresma de San Miguel debajo.

Día 1

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
Comparte esta novena con alguien que la necesite.

Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 2

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 3

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
Comparte esta novena con alguien que la necesite.

Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 4

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 5

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 6

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 7

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 8

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 9

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 10

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 11

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 12

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 13

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 14

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 15

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
Comparte esta novena con alguien que la necesite.

Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 16

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 17

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 18

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 19

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 20

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 21

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 22

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 23

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 24

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 25

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 26

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 27

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 28

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 29

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 30

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 31

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 32

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 33

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 34

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 35

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 36

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 37

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 38

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
Comparte esta novena con alguien que la necesite.

Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 39

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 40

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 41

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 42

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 43

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Día 44

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

¡Oración de hoy completa!
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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 45

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Día 46

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Señor, ten piedad de nosotros.
(Cristo, ten piedad de nosotros.)
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)
Dios Padre celestial, (ten piedad de nosotros.)

Dios Hijo, Redentor del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Dios Espíritu Santo, (ten piedad de nosotros.)
Santísima Trinidad, un solo Dios, (ten piedad de nosotros.)
Santa María, Reina de los Ángeles, (ruega por nosotros.)

San Miguel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios, (ruega por nosotros.)
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Encarnado, (ruega por nosotros.)
San Miguel, coronado de honor y de gloria, (ruega por nosotros.)
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, (ruega por nosotros.)
San Miguel, abanderado de la Santísima Trinidad, (ruega por nosotros.)
San Miguel, vencedor de Satanás, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guardián del Paraíso, (ruega por nosotros.)
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, (ruega por nosotros.)
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz de los ángeles, (ruega por nosotros.)
San Miguel, baluarte de los verdaderos creyentes, (ruega por nosotros.)
San Miguel, fortaleza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, (ruega por nosotros.)
San Miguel, luz y confianza de las almas en la hora de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro auxilio más seguro, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestra ayuda en todas las adversidades, (ruega por nosotros.)
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, (ruega por nosotros.)
San Miguel, consolador de las almas retenidas en las llamas del Purgatorio, (ruega por nosotros.)
Tú, a quien el Señor ha encargado recibir las almas después de la muerte, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Príncipe, (ruega por nosotros.)
San Miguel, nuestro Abogado, (ruega por nosotros.)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (perdónanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (escúchanos, Señor.)
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, (ten piedad de nosotros.)
Cristo, óyenos. (Cristo, escúchanos.)

V. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. (Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.)

Santifícanos, te lo suplicamos, Señor, con tu santa bendición, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el cielo, cambiando los bienes de este mundo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. (Amén.)

(menciona tu petición aquí…)

Reza un Padre nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
San Miguel,
San Gabriel,
San Rafael,
tu Ángel de la Guarda.

Oh glorioso príncipe San Miguel, jefe y comandante de los ejércitos celestiales, guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, servidor en la casa del Rey divino y nuestro admirable guía, tú que resplandeces de excelencia y de virtud sobrehumana, líbranos de todo mal a quienes acudimos a ti con confianza, y haz que, por tu bondadosa protección, sirvamos a Dios cada día con mayor fidelidad.

Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Dios todopoderoso y eterno, que por un prodigio de bondad y por un misericordioso deseo de la salvación de todos los hombres, has designado al gloriosísimo Arcángel San Miguel Príncipe de tu Iglesia, haznos dignos, te lo pedimos, de ser librados de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos atormente en la hora de la muerte, sino que seamos conducidos por él a tu Presencia.

Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor.

Oh nobilísimo Príncipe de las jerarquías angélicas, valeroso guerrero del Dios Altísimo, celoso amante de su gloria, terror de los ángeles rebeldes, amor y delicia de todos los justos, mi amadísimo Arcángel San Miguel, deseando ser contado entre tus devotos servidores, hoy me ofrezco y me consagro a ti, y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que poseo bajo tu poderosísima protección.

Te suplico que no mires lo poco que yo, tu servidor, tengo para ofrecerte, siendo solo un miserable pecador, sino que mires más bien con ojos favorables el afecto sincero con que te hago esta ofrenda, y recuerda que, si desde este día estoy bajo tu patrocinio, debes asistirme durante toda mi vida y procurarme el perdón de mis muchas y graves ofensas y pecados, la gracia de amar con todo mi corazón a mi Dios, a mi querido Salvador Jesús y a mi dulce Madre María, y alcanzarme todos los auxilios necesarios para llegar a mi corona de gloria.

Defiéndeme siempre de mis enemigos espirituales, particularmente en los últimos momentos de mi vida.

Ven, pues, oh glorioso Príncipe, y socórreme en mi último combate, y con tu poderosa arma arroja lejos de mí, a los abismos infernales, a aquel prevaricador y soberbio ángel que un día derribaste en la batalla celestial. San Miguel, defiéndenos en nuestro combate diario, para que no perezcamos en el Juicio final.

Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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Oraciones Respondidas de la Comunidad

Novena Relacionada

Novena a San José